El profesor Rolando Saavedra Villegas, en esta su cuarta obra histórica y geográfica referida a la Comuna y ciudad de Tomé (Chile), nos ofrece en forma amena y didáctica, los positivos resultados de su pasión y perseverancia investigadora.
Habiendo sorteado complejos laberintos de libros y periódicos de diferentes épocas y autores, muchos de ellos indagados en la Biblioteca Nacional de Santiago, en sus vacaciones veraniegas e invernales, pone ahora al alcance de tomecinos y foráneos numerosos antecedentes históricos desde 1544 hasta 1950, a lo que suma información actualizada en lo geográfico e institucional de la Comuna.
“VISION HISTORICA DE TOME” es más que una mirada al pasado de esta tierra marinera y vegetal, que sigue esperando altas mareas de progreso para poner proa hacia mejor destino. Es una obra que, por su interesante contenido y claridad conceptual, no dudamos, servirá para entender y valorar lo que es y ha sido este suelo de litoral, que alguna vez también se llamó Puerto de la Herradura. Por su geografía, su historia y su gente, bien merece mejorar su suerte. EDICIONES PERPELÉN.

Gaviotas, palomillas y piqueros, con nombres diferentes a los actuales, saludaron con aleteos sorprendidos, a dos navíos que profanaban con cautela la quietud de la bahía.
Toninas danzarinas, merodearon con entera desconfianza, a los cetáceos de madera, que usurpaban su ancestral territorio de agua.
Aborígenes de hábitos pesqueros, recolectores esenciales de algas y mariscos de este litoral, observaron incrédulos, al par de bergantines que deambulaban, sin dificultad, sobre la piel del océano.
¿Sería un maleficio?... ¿Una fantasía?... ¿Un sueño?...
La verdad, es que se trata, de la primera página de la historia marinera, de este valle de totoras que, ahora conocemos con el nombre de Tomé.
Los navíos, el “Santiaguillo” y el “San Pedro”, bajo el mando del marino genovés y, Teniente de Capitán General en el Mar, don Juan Bautista Pastene Solimana, que a fines de septiembre de 1544, descubre la Bahía de Concepción y dentro de ella, el litoral de nuestra Comuna vivencial.
Desde aquella lejana hora memorable, conquistadores, expedicionarios, gobernantes, contrabandistas, mercaderes, aventureros, científicos y marinos, durante los siglos coloniales, dejaron testimonio o usufructuaron de este puerto natural, que abrigado al viento norte, sirvió, también de abrevadero, para surtir los aljibes navieros, con las entonces cristalinas aguas del Collén, el Perpelén y el Purpehuilco, río este último, que ahora conocemos como Bellavista. Pues, en aquellos años remotos, muchos de nuestros lugares, tenían nombres que los primitivos habitantes de esta tierra le habían asignado. Tal es así: que la explanada se llamaba “Guanehue”, que bien pudo haber sido el nombre para toda esta tierra; “El Morro”, lo denominaban “Balcacura”, Toponimia de piedra grande, y Cerro Alegre, nada menos que Adencul, que en lengua mapuche significa hierbas bonitas.
Pero, más que su geografía, Tomé como Ciudad y Comuna, tiene razón y sentido en su gente, hombres y mujeres de todos los tiempos, oriundos o allegados a esta tierra de cordillera costina, que en su reducido valle o en sus amplios cerros y lomajes, han sabido en todas las épocas, cultivar los verbos del esfuerzo y del trabajo, con periodos florecientes y otros trágicos o depresivos, los cuales son parte ineludible de las vivencias personales y colectivas. Sin embargo, aquí estamos, viviendo el sino histórico más proclive a las postergaciones que a las bendiciones gubernamentales, sin perder la fe, especialmente en nosotros mismos, seguros que nuestro capital humano, principal fortaleza, será capaz de superar las horas inciertas de un significativo número de residentes de este territorio. Porque después de todo, es la esperanza la que justifica el futuro.
Vaya, ahora y siempre, nuestra evocación a los ignorados y anónimos antepasados, cuyos nombres borró el viento implacable del olvido, pero que sí sabemos que existieron y que nosotros somos sus herederos. En tiempos lejanos o más recientes, aquí estuvieron mariscadoras, pescadores, aguaderas, leñadores, parteras, estibadores, cocineras, molineros, lavanderas, toneleros, preceptoras, carpinteros, tejenderas, tintoreros, comerciantes … en fin tantos oficios de los quehaceres cotidianos, sin olvidar a las descubridoras de las vertientes generosas y a los colonizadores que desbrozaron los cerros vigilantes.
Pero, también, es justo evocar a los artistas, intelectuales, deportistas, políticos, empresarios, cantantes y bailarines, que sí han dejado sus nombres en los registros periodísticos y de la historia nacional y cuya mención enorgullece y afianza la identidad tomecina.
Nuestro reconocimiento agradecido a la multitud de bisabuelas abnegadas y tatarabuelos visionarios que, sin habernos conocidos, nos dejaron senderos suficientes y caminos necesarios, para que nuestro transitar por la vida, fuera menos dificultoso que el de ellos.
Creo sinceramente, que más que un escudo, un mapa o postal, Tomé siempre será lo que fue, lo que hace y lo que aspira su gente, un pueblo digno, como lo es Chile. ¡Viva Tomé! Pero, que viva mejor. RSV.
Discurso leído en el Acto Oficial de Conmemoración de los 462 años del Descubrimiento del Litoral de Tomé. Casa de la Cultura, Viernes 29 de septiembre del 2006.
Este libro fue reeditado en Septiembre del 2010 y la presentación se realizó en el Salón Guayaquil de la Escuela Ecuador el día 3 de Sep.
