Lorena cambió el rumbo de su vida en el instante mismo que recibió una brújula de regalo. La simple confusión de obsequios navideños le hizo abrir el dirigido a su hermano scout. Antes de descubrir el contenido, percibió un agradable cosquilleo magnético y, después, no hubo forma que quisiera remediar el equívoco. La casualidad le hizo feliz. Estuvo varios días intentando desorientar la aguja imantada y, como si fuera poco, soñaba con ella hasta altas horas de la noche y bajas horas de la madrugada. Otras veces se desvelaba por encontrar respuesta a preguntas tan inútiles como: ¿dónde se ubica el norte de los sueños? o ¿Porqué el sur queda siempre abajo?
Ese fue el inicio de la más extraordinaria colección de brújulas que se haya conocido y, a la cual, tanto familiares como amistades e instituciones contribuyeron a incrementar.
Al ingresar a su dormitorio, donde las brújulas habían desplazado a las muñecas, las agujas imantadas olvidaban su norte y se dirigían hacia ella como peces en acuario cuando los van a alimentar.
La pasión por las brújulas la fue complementando con el estudio de Atlas, planisferios, globos terráqueos y otras representaciones, llegando en poco tiempo, gracias a su memoria privilegiada, a dominar puntos y conceptos geográficos, a una edad en que sus congéneres tenían preocupaciones faranduleras.
A nadie sorprendió que decidiera ser Geógrafa profesional y que al poco tiempo lograra reconocida reputación en el ambiente académico. Sus viajes por el mundo la llevaron a emblemáticas universidades y recónditos lugares. Nunca se sabía a ciencia cierta si estaba llegando o yéndose. En pocos años cumplió sus sueños cardinales, quedándole sólo pendiente llegar al punto cero, donde se interceptan la Línea del Ecuador con el Meridiano Greenwich, punto de agua en el Atlántico africano.
Sus sueños seguían cierta lógica onírica. Soñaba con desiertos y cuando despertaba, polvo y arena acompañaban su pijama. Otras veces, selváticos sueños dejaban las sábanas impreganadas de flores exóticas o plumas multicolores.
El haber soñado siendo expedicionaria al Polo Sur, le significó principios de gangrena en los pies, y sentirse víctima de un huracán caribeño, le provocó una bronconeumonía que la tuvo muy cerca del cementerio. Le prescribieron evitar las noticias en televisión, las imágenes le hacían soñar pérdidas de orientación que la dejaban exhausta y desvelada, postrándola por varios días.
Logró consagración mundial demostrando con su receptor GPS, que la marca primaria del Meridiano Cero, en el Observatorio Real de Greenvich, se encuentra errada en varios metros.
Cuando ya todos creían que había agotado sus aprendizajes geográficos, se interesó en conocer como se orientaban los pueblos primitivos. Descubrió en los mayas la importancia que atribuían al Este, por ser desde donde aparentemente se asoma el sol y, que a cada uno de sus cinco puntos cardinales, le correspondía un color asociado al maíz.
La última referencia que hizo la prensa y televisión, menciona su presencia en una expedición de National Geographic. En una nave del almirantazgo inglés, cumpliría su anhelo de situarse en el punto cero.
De tanto esperar su regreso, las brújulas se volvieron inútiles. Algunas giran sin sentido, otras siguen la dirección del viento y unas cuantas se convirtieron en relojes de complicada lectura e incierta exactitud. Solo los libros permanecen inmutables, empolvados por el olvido. ***ROMAN VILLEG***
