Octubre 16

Antología poética que incluye trabajos de escritores chilenos de distinta connotación literaria, los cuales en su hora y edad oportuna, sintieron la motivación inspiradora de la trilogía educacional Alumno-Escuela-Profesor.

El nombre de libro hace referencia al Día del Profesor Chileno y es una obra apropiada para auxiliar la preparación de actos escolares.

Del autor de la antología, se incluye el poema COLEGIO VESPERTINO y el cuento CHILIN LUGUERO, obra dedicada a los niños recolectores de lugar y que fuera premiado en el Concurso Regional de Cuento para Profesores del año 1981:



COLEGIO  VESPERTINO


La angustiada perspectiva del ocaso
devora fulgores y navíos.
Aulas recién desalojadas
acogen búhos vespertinos;
avidos de luces culturales,
fatigados de quehaceres terrenales.

Bolsos sin fusas ni acuarelas
contienen celestes ecuaciones.
Noctámbulos pupitres silenciosos
conservan tres conjugaciones.

La luna se halla suspendida
"por inasistencias reiteradas" y
vaga por patios, sin pisadas,
llena de luz enamorada.
Y en su pasión desembozada
besa y rebesa la campana.




CHILIN  LUGUERO

¡Buenos días niños!

¡Bueeeenooos díaaaas seeeñoor!

La respuesta a mi saludo es amplia y vibrante. Suena como si la sala también saludara después de muchos días de vacío y sequedad. Las murallas sostienen aún los recortes y dibujos, que aburridos de nos ser mirados, mejor se destiñeron.

Sobre los muebles, el polvo aprovechó las vacaciones, tejiendo manteles de terciopelo gris, que por desgracia no podrán ser cambiados de lugar.

Tres vidrios ausentes cerca de mi escritorio, dejan pasar la brisa curiosa, que se entretiene en revisar el nuevo Libro de Clases.

Una araña novedosa se descuelga desde el cielo raso para inquirir detalles sobre lo que sucede y, se encuentra con la muerte bajo la presión de un lápiz de pasta azul recién comprado.

La lista del curso contienen la mayoría de los nombres del año pasado. Son los mismos alumnos. Pero ya se advierte en ellos de que son otras personas. Las niñas ya están dejando de serlo. Las pecheras de sus delantales comienzan a adquirir curvas orográficas y las voces de los niños desafinan hasta en el saludo.

Sobre las mesas llenas de tatuajes y dibujos, descansan las manos de juegos y trabajos. Bajo ellas, los inmaculados cuadernos nuevos y uno que otro cuaderno usado el año pasado, mudos sobrevivientes de los astilleros y hangares escolares, prodigiosos de barcos y aviones de papel.

Un lápiz de grafito rueda por la cubierta de una mesa. Se lanza al piso ante el descuido de su dueño y es tragado en el acto por una rendija voraz. Espontáneamente se organiza el rescate, con un alambre servicial. Un lápiz no puede irse sin antes entregar todo su contenido de signos y dibujos.

Cada lápiz es generosa semilla que diariamente va brotando en las manos y floreciendo en los cuadernos. Ellos toleran y respetan las ideas de quienen los empuñan. Jamás toman la iniciativa de algo. A pesar, que la Historia y la Cultura le deben tanto, no hay monumentos en su honor, que resalten su merecida grandeza

La puerta se abre con cautela. Entra un delantal blanco que en su parte superior tiene un tímida sonrisa enmarcada en trenzas negras. Un aroma a pan caliente justifica el atraso de Luzmira y luego le acompaña hasta el asiento que vacío le esperaba.

Un zapato diestro, atrapa oportunamente la moneda que huía por el laberinto de patas del mobiliario escolar.

Los gatos del calendario no han crecido. Aún permanecen entretenidos con los ovillos de lana, mientras uno vigila que no caiga la hoja de diciembre del año pasado. Por las huellas que existen, hay claras pruebas que atestiguan que las aborrecidas moscas han intentado arrancar la hoja de diciembre y al no lograrlo decidieron bombardearla con sus inmundos proyectiles. El rojo día 25 es el más dañado. ¿Qué saben las moscas de Navidad? ¡Ellas nunca serán dignas de un regalo!

Navidad, parece ser un tema interesante, como para iniciar el diálogo en este primer día de clases. No, mejor no. Me basta con recordar lo que me dijo Chilín el año pasado: "A mí el Viejo Pasdcuero no me regaló nada, porque cuando pasó por mi casa yo andaba pescando con mi papá..."

Mis alumnos desarrollan su vida en la escuela, la playa y el mar. Hoy es el primer día de clases y el primer día de descanso para aquellos que estuvieron en las vacaciones veraniegas, encorvados en el mar, rastrillando las olas con las manos, para atrapar la Luga juguetona, que suele escurrirse entre las piernas, para esconderse en la espuma. ¡Qué sensación sentirán las columnas vertebrales, al encontrarse nuevamente verticales

Están de tal forma ligados al mar mis alumnos, que no me asombraré el día, en que al sonar la campana para el recreo, ellos salgan volando por las ventanas como traviesas gaviotas y respetables pelícanos.

Tres golpes tímidos en la puerta y ella se abre con cautela. Dos niñas preguntan por una silla anaranjada. Desde el fondo de la sala, el llamativo color delata su presencia. Así fue como la silla silenciosa y resignada nos abandonó cuando recién la estábamos conociendo...

Suena eufórica la campana, anunciando el primer recreo del año. Muy pocos niños salen presurosos hacia el patio. La mayoría camina con cautela y dificultad. Duelen los pies. Es el personal castigo de los zapatos nuevos o de aquellos que descansaron en el verano. Más de dos meses sumergidos en el mar, los pies se liberaron y expandieron y ahora no aceptan de nuevo el cautiverio. Por otra parte, los pies de mis alumnos son propensos a la claustrofobia.

Gritos, risas y un esporádico llanto, constituyen el argumento sinfónico de cada recreo, en el cual siempre los juegos quedan inconclusos por culpa de la insensible campana, la que con su letanía en una sola nota, devuelve a los niños a las salas de clases con los rostros brillantes de gotas de sudor.

El patio vuelve a quedar vacío. Mejor dicho semivacío. Tanto salto, brinco y carrera sin meta fue sembrando el suelo con botones, lápices, gomas, monedas... que en el próximo recreo serán adoptados por nuevos dueños, creando, en algunos casos, conflictos jurídicos sobre derechos de posesión de los objetos encontrados.

Ahora que ya sé cuanto pesan y cuanto miden mis niños, me parece oportuno iniciar la conversación en torno a un tema que permita a todos expresarse. ¿Qué cosa puedo preguntarles? Me resulta difícil encontrar un tema apropiado. Sería absurdo preguntarles ¿Dónde pasaron sus vacaciones?. La respuesta es demasiado evidente y salta a la vista al observar sus rostros y manos tostados u partidos por la sal y el sol.

Pensándolo bien, será mejor preguntar por los niños ausentes ... ¿Quién me puede decir algo de Carmona?

-¡Señor!- exclama José Luis - El Carmona no viene a la escuela porque le está ayudando a trabaja al papá...-

-¡No señor!- rebate Juan Miguel - El Carmona me dijo que ya no le gustaba la Escuela y que con lo que ya sabía le bastaba para empezar a trabajar ...

NO me sorprende lo dicho por Carmona. El siempre ha creído saberlo todo, látima que su concepto de todo es muy pequeño.

¿Quién ha visto al Cifuentes?

-¡Yo señor!- responde Marisol - El Cifuentes está trabajando de noche en la panadería de Don Fernando y se lo pasa todo el día durmiendo.

Que ironía de la vida. Cifuentes, tan bueno para comer pan a escondidas en horas de clases y ahora transformado en flamante panadero nocturno.

-¿Qué será de Gallegos?-

- ¡Señor, el Chilín se fue para el Japón... - responde precipitadamente Margarita.

-¿Para el Japón? - pregunto sorpredido.

-¡Sí señor! Se fue para el Japón en un camión con luga.- confirma Margarita muy segura de si misma.

Sonrío con ganas de reir ante la ingenua respuesta de Margarita, pero al ver la seriedad de mis alumnos, postergo mi risa para una mejor oportunidad.

Mientras doy a conocer la Lista de Materiales escolares que usaremos este año, vuelve a mis ideas las palabras de Margarita. Reflexiono un poco y llego a pensar que por descabelladas que parezcan, a lo mejor ella dijo la verdad. Hay verdades tan fantásticas que cuesta mucho creerlas, en todo caso no me sentiré sorprendido si un día me llega una postal nipona, con la inconfundible letra de "Chilín" Gallego.***