MENQUE, memorias para el futuro


El profesor Rolando Saavedra Villegas, ejerció como profesor de la Escuela Nº 32 de Menque (actual F 431), desde el año 1969 al 1972. De aquellos años, guarda los mejores recuerdos de sus primeros alumnos, apoderados y colegas, que fueron parte importante en consolidar su vocación docente, cuando aún daba sus primeras lecciones en el ejercicio del magisterio. Por ello, no le fue difícil emprender la grata tarea encomedada por la I. Municipalidad de Tomé, para escribir un libro que reflejara la identidad de esta comunidad forestal, asociada al pino radiata y la tortilla al rescoldo.

MENQUE, es una localidad de la Comuna de Tomé, Provincia de Concepción, Región del Bío-Bío, Chile, que se encuentra ubicada 23 Kms. al NE de la ciudad de Tomé y a 8 Km. al Este de Dichato. Enclavada en cerros de la Cordillera de la Costa, sus coordenadas son 36º 33’ Latitud Sur y 72º 52’ Longitud Oeste.

 

 

Prólogo del Libro MENQUE, memorias para el futuro

“MENQUE, memorias para el futuro” no es una cronología de acontecimientos en una línea de tiempo, tampoco pretende ser una historia memorable, ni calza dentro del concepto de monografía. Bien podríamos señalar que este libro es una “bigrafía” (sic), ya que comprende el desarrollo de dos temas: Menque y la tortilla al rescoldo.

En su siglo de existencia, enclavado en el fértil territorio forestal de la Comuna de Tomé, impregnado de aromas de pinos y eucaliptos, que inundan el alma y la sangre de sus habitantes, no han acontecido hechos heroicos, batallas memorables, ni natalicios trascendentes, sino que múltiples y repetidos actos rutinarios, propios de un pequeño poblado, consagrado al sino del trabajo y donde el progreso, por varios lustros, se midió por el volumen creciente de sus pirámides de aserrín.

De esta tierra pródiga en resina y clorofila, no encontraremos restos arqueológicos de civilizaciones pasadas, tampoco fósiles extraños o restos momificados. Los catálogos de la Biblioteca Nacional en Santiago, universitarias de Concepción y Municipal de Tomé, no registran libros consagrados en su honor y es muy probable que otras del país tampoco los posean. Periódicos de Concepción, a lo lejos hacen referencias a Menque, siempre y cuando estén escasos de noticias.

La única vez que Menque logró notoriedad nacional, fue aquel infausto 7 de abril de 1997, cuando un descontrolado incendio forestal, por pocos metros y minutos, estuvo a punto de transformar a Menque en cenizas. Ese día, Menque “pudo haber pasado a la historia” y bien sabemos en Chile, que “pasar a la historia” es pasar a la otra vida.


En esta obra encontrarán algunos tópicos que constituyen parte importante de su identidad presente y pasada y algunos artículos que resaltan su identidad a través de la literatura local y folclor ergológico, que no dudamos servirá para que, con otros lápices o computadores, se siga escribiendo en cuadernos o imprimiendo en papel, nuevas palabras dedicadas a este lugar, que tuvo la fortuna de sobrevivir y no ser borrado del mapa nacional. No nos cabe duda, que parte de la celulosa que constituirá la pulpa de esos cuadernos y/o libros, Dios mediante, también tendrá su origen en los frondosos bosques de Menque.
Gratitud a todos quienes han permitido materializar esta obra, especialmente a los alumnos, docentes y apoderadas de la Escuela de Menque, a los vecinos y vecinas de la localidad. Reconocimiento especial a mis ex alumnas, que con cariño me acogieron después de transcurridos tantos años de ausencia.  

Todos ellos y ellas, gracias al poder de la memoria y al “don de la palabra” han contribuido para que lo oral se transforme en memoria escrita, impidiendo de esta forma, la irremediable pérdida de piezas importantes del patrimonio intangible, que pertenece a todos.


Mis sinceras excusas por si hubiera alguna imprecisión en fechas o se haya omitido información relevante o personalidad destacada.
Mi gratitud en singular a la Srta. Valeria Gajardo, por confiarme la responsabilidad de escribir esta obra, como parte del proyecto de rescate y fortalecimiento de la identidad de Menque, cuya comunidad, sencilla y esforzada, con actitud estoica y positiva se resiste a desaparecer, conscientes que mientras exista un menquino, existirá Menque.

 

 

Fiesta de la tortilla de  Menque

El sábado 22 y 23 de noviembre del 2008, con una multitudinaria presencia de público, que sobrepasó las más optimistas expectativas, se desarrolló la “Fiesta de la tortilla de Menque”. Los coterráneos volvieron por uno o dos días a su terruño, para reencontrarse con sus amigos y vecinos. Afuerinos provenientes de diferentes puntos de la región y el país se hicieron eco de la invitación realizada a través de explícitos y coloridos afiches. También llegaron clubes de la Tercera Edad de San Pedro y Hualpén. Hasta un matrimonio norteamericano, radicado en Pingueral, contribuyó con su presencia internacional.

Las apoderadas de la Escuela de Menque, señoras Nancy Garrido Tiznado, Rosa Jara Figueroa, Mabel Jara Monsalve, Valeria Granadino Merlo, Miriam Avello Riquelme, Marina Vilches Alvarez, Emilia Jerez Mora y Alejandra Paredes Garrido, se transformaron en madres de la tortilla más grande jamás vista. Ellas reunieron los materiales, mezclaron y amasaron con sus manos experimentadas los 35 kilos de harina, medio kilo de manteca, un litro de aceite, media libra de levadura, un cuarto de bicarbonato, un kilo de sal y la necesaria cantidad de litros de agua tibia. La tarima o cuna en que se extendió la masa de la tortilla medía 2 x 2 metros.

La preparación y acumulación de la ceniza necesaria para disponer el rescoldo estuvo a cargo de don Víctor Luengo, quien el viernes 21 inició la quema de leña de aromos y eucaliptos, en el “poyo” con base de ladrillos, enmarcado por un cuadrado de fierro y construido especialmente para que cada año cumpla la misión de acoger y permitir la cocción de la “tortilla más grande jamás conocida” El calentamiento del poyo comenzó el domingo 23 a las 4 de la madrugada.

La preparación de la masa partió a las 11 horas y las 13,35 se ubicó en el rescoldo. La tortilla vio la luz a las 14,10 de la tarde y fue limpiada prolijamente como corresponde a una recién nacida. El Director de la Escuela profesor Héctor Parra Suazo, huincha en mano, procedió a la medición de su diámetro. “Ciento ochenta y cinco centímetros” anunció con todas sus letras y el aplauso del público no se hizo esperar. La recién nacida, por su forma y extensión no pudo ser pesada. El orgullo de las apoderadas madres de la tortilla se dibujaba en amplias sonrisas y las fotos digitales inmortalizaron el momento. Pronto se comenzó a repartir la tortilla y ahí se produjo el caos, debido a la ambición de algunos aprovechadores que a manotazos desgarraban trozos, como para alimentar a toda la familia. Hubo empujones y algunas amenazas, incluso escuche algunas voces expresando en forma airada “¡angurrientos!” palabra en proceso de extinción y que había escuchado por boca de mi abuela, cuando intentábamos sacar pan a escondidas, en nuestra leja infancia.

La repartición de la tortilla, por supuesto que agravió a quienes no tuvieron la oportunidad de saborearla, es decir no cumplieron el objetivo primordial que motivó su concurrencia, pero así y todo, la fiesta de la tortilla fue un éxito en asistencia y consumo. Se agotó todo lo bebestible y comible, las cazuelas de ave, estofados de cordero, costillares de cerdo y empanadas de pino, queso y mariscos, desaparecieron en un santiamén. Ni los postres de mote con huesillo, leche asada, tutti frutti, y leche nevada, se salvaron para dejar muestra. Con decir que hasta las plantas medicinales, huevos de gallinas caseras, café de trigo, harina tostada y unas cuantas nalcas se fueron de Menque como exóticos “souvenirs”.

Al momento de la despedida, y en cercano tono de juramento, las visitas y coterráneos manifestaban con alegría y gratitud “nos vemos el próximo año”. Estamos seguros que muchos cumplirán lo prometido y serán nuevamente observadores de “la tortilla más grande nunca antes vista".

¡Salud! por Menque, su tortilla y su gente.